Nasi Lemak y la comida para llevar

Vimos un lugar de música latina. Salsa, merengue y algo cubano. Entramos en seguida. La vibra era increíble. Jamás había visto tanto sudor y movimiento sincronizado en un baile. Nos sentamos en una mesa al fondo y pedimos algunas cervezas más.

KÉLOVA OILS

Manuel Velasco

4/6/20263 min read

a group of people walking down a street next to a building
a group of people walking down a street next to a building

Estaba en el tocador de la habitación; no quería arreglarme demasiado. Íbamos a ir con Irina a una zona del centro a comer y tal vez, a una fiesta. El kit de bienvenida traía muchos productos asiáticos, bastante famosos por su rejuvenecimiento (como si lo necesitara con 22 años) Unos tenían un olor neutro, otros productos más bien entre almendra y vainilla.

Caminé hacia el armario y me probé varios vestidos casuales. Al final, me decidí por uno blanco con azul. Corto, sin mangas. Con un collar de oro blanco y una pulsera de plata. No quería llamar demasiado la atención en el centro. ¡Brrr, brrr…! era mi celular.

- ¿Ya están listas? -. Le contesté a Irina.

- ¡Sí!, nos vamos en dos camionetas. La negra y la gris. Le pedí a papá que mantuviera un espacio más amplio-.

- ¡Sí! Que fastidiosos que se ponen a veces lo de seguridad-.

- ¡Va! Te veo en la entrada-.

Salir a visitar las ciudades era todo un problema. La seguridad siempre hacía levantar las miradas de los demás. Muchos podrían pensar que es muy de rock star esto de ir con escoltas y que las personas abran espacio para dejarnos pasar, pero resulta muy incómodo cuando quieres llevar una “vida normal”. Conocer personas se vuelve todo un problema. Lo bueno, no tenemos que hacer fila para nada.

Nos subimos a las camionetas y con una voz de victoria, Irina gritó ¡al centrooo!... Íbamos con dos amigas más. Todas estaban eufóricas y muy emocionadas. Abrieron las ventanas (hasta donde dejaba) y gritaban por la ventana ¡uuuuuujjjjj! La emoción tenía invadida la camioneta.

- ¿A dónde vamos Irina? -. Pregunté.

-Vamos al barrio chino de la ciudad. Buscaremos comida callejera, bebidas y un lugar para bailar-.

- ¿Alguien más se sumará a la noche? -.

-No que yo sepa, pero… ¿Importa? -.

No respondí. Ya estaban bebiendo desde la habitación. No tenía caso conversar sobre eso.

Nos adentramos a la ciudad y en efecto, había mucho movimiento en las calles. Fiestas, luces y muchos lugares de comida. La noche era cálida, la gente también lo parecía. Yo no era muy fanática de comer en la calle, pero debo confesar que este pequeño plan de probar la comida callejera me emocionaba. Me hacía disfrutar de esos placeres que no se puede repetir a menudo. Mis padres jamás permitirían que comieras algo de esto ¡Te vas a enfermar! ¡No sabes de dónde vienen esos alimentos! ¿Y si no es higiénico? ¡La gente que come esto, tiene un estómago de piedra! ¡Tú no!

Pedimos varios platillos en los puestos ambulantes. Algunos estaban deliciosos, otros simplemente los dejé. El pato pekinés ¡Dios! ¡Vaya que es exquisito! ¿Cómo no comemos esto a diario? Otro de los grandes platos que probamos fue el Satay y un arroz con coco, Nasi Algo… Un poco picante pero delicioso.

- ¡Vamos por unas cervezas! Gritó Irina mientras levantaba sus brazos. Tenía las manos completamente ocupadas de bocadillos. Si alguien pregunta cuantos platos de comida puede comer alguien al tiempo, la respuesta es 8.

- ¡Irina! No vayas a botar esa comida. Le dije en voz baja.

Me miro con cara de sorpresa ¿Cómo? ¿Qué hago si no quiero más comida? Ni modo que me la acabe o me la lleve toda la noche en las manos. En ese momento, uno de los que atendía un puesto, le quito los pinchos de la mano y los colocó en un plato. Agregó un par de raciones adicionales y luego las metió en otra bolsa de papel. La miro y sonriendo le dijo “Para después de la cerveza”. Quedamos asombradas. Nunca habría pensado en llevarme la comida que sobra.

Irina agradeció y metió su mano en el bolso. El señor negó con una sonrisa y ella le dio un apretón de manos como agradecimiento.

Sus amigas trajeron algunas cervezas destapadas y las bebimos mientras caminábamos en busca de un lugar con buena música.

Vimos un lugar de música latina. Salsa, merengue y algo cubano. Entramos en seguida. La vibra era increíble. Jamás había visto tanto sudor y movimiento sincronizado en un baile. Nos sentamos en una mesa al fondo y pedimos algunas cervezas más.

- ¡Vamos a bailar! Gritaban eufóricas las amigas de Irina.